jueves, 10 de marzo de 2011

BENIJO



Hace años que no iba por este rincón de Anaga y, desde hace meses, necesitaba y planeaba el retorno, aunque unas causas u otras siempre lo impedían. Pero he aprovechado estos días para reencontrarme con la magia de este enclave, para llenarme de fuerzas telúricas, para devorar el aire y respirar; aquí, en uno de los pocos refugios espirituales que aún resiste en esta isla.
Los temporales del invierno han provocado multitud de derrumbes, los senderos están casi sepultados, la arena de la playa se ha visto reducida, pero la luz, los contrastes de colores, el viento, el riachuelo, el mar encabritado y la tormenta que se acercaba,...

2 comentarios:

Miguel Angel dijo...

Los temporales, las inclemencias pueden borrar los caminos, pero no las ganas de llegar del caminante. Y esa es la mayor de las fortalezas. El resultado final: un reencuentro inolvidable con un paisaje intemporal. Merece la pena caminar.

El viajero dijo...

Quizás sean las tormentas el lugar donde deban producirse los reencuentros.